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Encuesta sobre la lectura en los transportes públicos

Como fuente de información complementaria para mi «estudio» de la relación Metro de Madrid – Lectura, he incluido en esta página una sencilla encuesta. La pregunta es: ¿lees en el transporte público?


Para ser participe del estudio sólo tienes que pinchar en tu respuesta, aqui al lado, en la barra lateral de la página de inicio. ¡Gracias por participar!


Posibles resultados a la encuesta

Investigando la relación metro de Madrid – lectura

Todos los que utilizamos el metro para ir y volver del trabajo cada día vivimos historias que sólo pueden ocurrir en un lugar cerrado y a varios metros bajo tierra.


Parada de metro La Latina

Parada de metro La Latina




No voy a hablar de cuando el metro se queda sin corriente eléctrica y se para, en mitad de un túnel y a media luz, porque no van por ahí mis tiros.


Lo que sí me interesa es comentar la costumbre extendidísima de leer en el metro. Llevaba unos días sorprendida, porque me he encontrado, prácticamente a diario, con alguien leyendo un libro de bibliotecas públicas madrileñas (y no, no se trata de la misma persona, que me he fijado). A raíz de esto, he empezado a fijarme en cuánta gente está leyendo en mi vagón y en otros detalles relacionados, y tanto me he fijado, que necesito liberarme de esta obsesión de alguna manera.


Así que he decidido hacer un «estudio» al respecto. Pongo estudio entre comillas, porque realmente no tengo mucha idea de cómo se hace un estudio, pero por lo pronto voy a ir apuntando algunos datos y ya se verá qué conclusiones se pueden sacar de ellos.



DATOS DEL 05-ENERO-2009:

  • libros: 9
  • mujeres leyendo: 6
  • hombres leyendo: 3
  • libros de biblioteca: 0
  • Los hombres que no amaban a las mujeres: 2



La cantidad de veces que me encuentro en el metro con este libro, Los hombres que no amaban a las mujeres, de Larsson, se merece que sea incluido como un dato más a tener en cuenta.


Por cierto, no voy a distinguir entre las cifras de libros matutinas y las vespertinas, aunque está claro que estas últimas casi triplican las anteriores: por las mañanas ya es suficiente no morir asfixiado o por aplastamiento (que nadie se engañe, los periódicos gratuitos sirven – o servían, según los últimos datos-, para la hora del desayuno en la oficina).